A veces me pregunto en qué estará pensando.
La veo caminar y tengo la sensación de que ya no está aquí. Como si una parte de ella hubiera quedado atrapada en algún lugar del pasado y su cuerpo simplemente siguiera avanzando por costumbre.
Sus ojos no parecen mirar la calle. Tampoco a las personas. Miran algo más lejano, algo que nosotros no podemos ver.
Quizás todos hemos estado ahí alguna vez. En ese punto donde uno intenta seguir adelante, pero por dentro se siente perdido. Donde cualquier recuerdo puede pesar más que el presente.
No sé quién es. No conozco su historia. No sé qué ha tenido que dejar atrás ni qué batallas carga en silencio. Pero hay algo en su mirada que me resulta familiar.
Es la mirada de alguien que intenta aferrarse a algo.
A un recuerdo.
A una esperanza.
A una versión de sí misma que no quiere desaparecer.
Mientras el resto del mundo sigue su camino, ella parece caminar en otra dirección, una que no aparece en los mapas. Una dirección hecha de pensamientos, ausencias y preguntas sin respuesta.
Y quizás por eso no pude olvidarla.
Porque hay personas que no llaman la atención por lo que hacen, sino por lo que transmiten. Porque a veces una mirada puede contar el cansancio de toda una vida.
Y porque, de alguna manera, todos sabemos lo que significa sentir que nos estamos alejando de nosotros mismos y buscar desesperadamente algo que nos devuelva a casa.