Esta imagen es lo que yo llamo
poesía de la vida. No porque sea hermosa, sino porque es verdadera.

Un hombre sentado, una puerta cerrada y todo el peso del mundo cayendo sobre sus hombros.

Su cuerpo parece hablar por él. La vida también escribe poemas así, sin papel y sin tinta. Los escribe en las calles, en los cuerpos cansados, en las miradas que ya no se levantan y en las puertas que permanecen cerradas.

Yo solamente estaba allí para detener el tiempo y guardar ese verso antes de que la ciudad lo hiciera desaparecer.