Despedida de un presidente
En febrero de 2024, miles de personas llegaron hasta el centro de Santiago para despedir al expresidente Sebastián Piñera. Las calles estaban llenas. Había filas interminables, banderas, teléfonos levantados y personas que avanzaban lentamente para participar de aquel momento histórico.
Entre toda esa multitud lo encontré a él.
Estaba sentado en una banca, inclinado hacia adelante y sosteniendo su bastón con ambas manos. A su alrededor, la gente caminaba, conversaba y buscaba un lugar desde donde observar. Él, en cambio, permanecía quieto. Su cuerpo parecía llevar el peso de los años, pero también la determinación de quien había decidido estar presente.
No sé quién era, de dónde venía ni qué recuerdos lo unían al expresidente. Tampoco sé cuánto había tenido que caminar para llegar hasta allí. Solo sé que, por un instante, todo lo que ocurría a su alrededor dejó de tener importancia.
La despedida multitudinaria quedó fuera del encuadre. Frente a mi cámara permaneció únicamente aquel hombre: pequeño ante la ciudad y, al mismo tiempo, dueño absoluto de la escena.
En la fotografía documental muchas veces buscamos registrar los grandes acontecimientos, pero son los gestos silenciosos los que terminan contando la historia. Mientras miles despedían públicamente a una figura política, él parecía vivir una despedida propia, íntima y difícil de descifrar.
Levanté la cámara si. No quise preguntarle nada, basta con reconocer que, durante una fracción de segundo, alguien nos permitió observar la profundidad de su silencio.
Así nació Despedida de un presidente: no como una fotografía sobre el poder, sino como el retrato de un hombre anónimo que acudió a despedir a quien había formado parte de la historia de Chile.

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